martes, 5 de junio de 2012

Preámbulo a los 31

Sin poder para detener el tiempo, el camino a los 31 se hace ineludible.  Es el juego de la vida y del tiempo. Pasa, corre, se va ante nuestros ojos sin nada que decirle y menos que cobrarle. Tal vez por eso, un día antes de mi cumpleaños, me enfrento al inexorable encuentro con el tiempo y me exijo respuestas que ni yo misma me puedo dar. Para cuándo, para cuándo. Tal vez por eso he decidido comenzarlas a escribir, porque de alguna forma escribirlas es enunciarlas, y al enunciarlas las comienzo a nombrar. Es hora de enunciar las palabras que me carcomen. Sí con David Bowie a todo volumen, un cigarro en mano y un tanto de ira que me obliga a cuestionar mi andar, mi paso, mis proyectos y mis esperanzas.

Mi palabra quiero que sea mi guardiana, mi confesora y mi consciencia misma. Mi palabra que me obligue a no permitir que el tiempo pase a mi costado y lo sienta, como yo, a la deriva. Lo miro impasible, sin un gesto, sin una sonrisa, sin una lágrima que regalarle.

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